Mercosur–UE: El Atlántico clave en el Comercio Exterior de Latinoamérica

La firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea marca un hito largamente esperado y reabre una conversación clave para el futuro del comercio, la logística y los puertos de América Latina. No se trata solo de un entendimiento comercial: es una señal política, económica y estratégica en un mundo que redefine sus cadenas de valor y sus alianzas.

Para ambos bloques, el acuerdo representa la creación de una de las mayores áreas de libre comercio del mundo, conectando economías complementarias y más de 700 millones de personas. Para el Mercosur, implica una oportunidad concreta de acceder de manera más competitiva a un mercado exigente y de alto poder adquisitivo; para la Unión Europea, supone reforzar su presencia en América del Sur y consolidar socios confiables en un contexto internacional cada vez más fragmentado.

Desde la perspectiva del comercio exterior, el entendimiento abre el camino para una reducción progresiva de aranceles y barreras no arancelarias. El intercambio birregional Mercosur–UE ronda hoy los US$ 110.000–120.000 millones anuales, y distintos escenarios prospectivos estiman que, una vez implementado plenamente, el acuerdo podría impulsar un crecimiento del comercio bilateral de entre 20% y 30% en la próxima década. Cerca del 90% de los aranceles entre ambos bloques se eliminarían de manera gradual, mejorando la competitividad de múltiples cadenas productivas.

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Qué cambia según el tipo de carga

Mirar el acuerdo desde la óptica logística permite anticipar impactos concretos y diferenciados:

Carga contenerizada

Se estima que entre el 55% y el 60% del comercio Mercosur–UE se mueve hoy en contenedores, especialmente manufacturas, alimentos procesados, químicos, bienes intermedios y productos industriales. Con la reducción arancelaria y la mayor previsibilidad comercial, el tráfico contenerizado birregional podría crecer entre 25% y 35% en los próximos 10 años.

Esto implica mayor demanda de terminales especializadas, servicios marítimos más frecuentes y exigencias crecientes en eficiencia operativa, digitalización y confiabilidad.

Graneles agrícolas y agroindustriales

Más del 70% de las exportaciones del Mercosur hacia la UE, en valor, están directa o indirectamente vinculadas al complejo agroindustrial. Productos como granos, aceites, carnes, azúcar y derivados seguirán siendo el núcleo histórico del vínculo comercial. Las cuotas preferenciales y reducciones arancelarias podrían traducirse en incrementos de entre 10% y 20% en volúmenes exportados en determinados segmentos.

Aquí, el gran desafío no es solo mover más carga, sino cumplir con trazabilidad, certificaciones ambientales y estándares sanitarios, que impactan directamente en la operatoria portuaria y logística.

Carga refrigerada (reefer)

Aproximadamente el 20% de los contenedores exportados desde el Mercosur hacia Europa requieren control de temperatura, principalmente carnes, frutas, pescados y alimentos frescos. La UE es uno de los mercados con mayor crecimiento en demanda de alimentos premium y certificados, lo que podría impulsar un aumento cercano al 30% en la capacidad reefer necesaria en la próxima década.
Esto exige inversiones en infraestructura eléctrica, monitoreo y fortalecimiento de la cold chain en los puertos de la región.

Carga rodada y bienes industriales

Desde Europa hacia el Mercosur, los vehículos, autopartes, maquinaria y equipamiento industrial representan cerca del 25% de las exportaciones europeas al bloque sudamericano. Las reducciones arancelarias previstas, especialmente en el sector automotriz, anticipan un crecimiento del tráfico Ro-Ro y de proyectos industriales, abriendo oportunidades para puertos multipropósito y especializados.

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Puertos y logística: el eslabón crítico

Más del 80% del comercio Mercosur–UE se realiza por vía marítima, lo que confirma que los puertos serán protagonistas centrales de la implementación real del acuerdo. El crecimiento de los flujos traerá consigo mayor competencia entre terminales, presión para reducir costos logísticos —que en América Latina siguen siendo entre 30% y 50% más altos que en Europa— y la necesidad de alinearse con estándares ambientales y operativos cada vez más exigentes.

Al mismo tiempo, el acuerdo interpela a la región a acelerar procesos que ya no admiten demora: modernización portuaria, digitalización, eficiencia logística y sostenibilidad como condición concreta de acceso a mercados.

Una lectura geopolítica inevitable

En un contexto global marcado por tensiones, conflictos y reconfiguración de rutas y cadenas logísticas, el acuerdo envía un mensaje claro: Mercosur y Unión Europea apuestan por el multilateralismo, las reglas compartidas y la previsibilidad. Para América Latina, implica diversificar socios, reducir dependencias y fortalecer su posición en el comercio global.

El desafío no es menor. El impacto no será automático ni homogéneo y dependerá de políticas públicas consistentes, inversión, articulación público-privada y visión estratégica.

Fuente: prports.com

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