Escalada del conflicto en Medio Oriente: el petróleo sube 15%, la urea trepa a USD 683 y crece el impacto en los granos

La tensión entre EE.UU., Israel e Irán comienza a trasladarse a los mercados agrícolas. La suba de la energía, los fertilizantes y los costos logísticos suma presión sobre maíz, soja y trigo, mientras los fundamentos propios de los granos quedan en segundo plano. El análisis de Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad.

La escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán empieza a impactar con mayor fuerza en los mercados de commodities. Inicialmente, los movimientos se concentraron en la energía y los fertilizantes, pero a medida que la tensión siguió aumentando durante los últimos días, los granos también comenzaron a reaccionar.

El bloqueo del estrecho de Ormuz impulsó el precio del petróleo Brent cerca de un 15% al alza, hasta valores cercanos a los USD 90 por barril, en un contexto que también encarece los fletes marítimos y complica la logística global del comercio de commodities. A la par, los fertilizantes nitrogenados registraron fuertes subas por recortes de producción en Medio Oriente y Qatar: la urea aumentó alrededor de USD 80 por tonelada (13%), alcanzando hasta USD 683 por tonelada en el Golfo de Estados Unidos.

En los últimos enfrentamientos geopolíticos el impacto en los mercados fue acotado y de corta duración, concentrado en los productos directamente involucrados. La diferencia ahora es que el conflicto sigue escalando día a día y eso termina trasladándose también a los granos”, explicó Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.

Este contexto también impacta en el sistema financiero global. Las bolsas asiáticas registraron caídas ante el temor a un nuevo impulso inflacionario, mientras que el índice de precios de los alimentos de la FAO subió 0,9% en febrero, hasta los 125,3 puntos. Desde la cámara CIARA-CEC advirtieron además que una guerra prolongada en Medio Oriente podría afectar las exportaciones agroindustriales argentinas hacia esa región.

En este escenario de volatilidad, el trigo aparece como uno de los granos con mejores perspectivas relativas para Argentina. El país continúa realizando un fuerte esfuerzo por colocar su producción en el mercado internacional, lo que está generando dificultades para que otros exportadores -especialmente Europa- puedan ubicar sus excedentes.

Argentina está siendo muy agresiva en la colocación de trigo en el mundo, lo que complica a competidores como Europa para vender sus excedentes”, señala Romano.

Al mismo tiempo, las perspectivas productivas en el hemisferio norte presentan algunas señales de alerta, aunque todavía es temprano para dimensionar su impacto. Los cultivos aún se encuentran en etapa invernal y recién cuando se retiren las nevadas se podrá evaluar con mayor precisión su condición.

“Todavía es difícil plantear un mercado estructuralmente alcista en trigo, porque los stocks iniciales son altos y hasta que los cultivos retomen su crecimiento no se puede dimensionar el impacto climático”, indica Romano.

A esto se suma que el encarecimiento de los fertilizantes también presiona sobre los costos de producción del cereal. De todos modos, en el mercado local el elevado volumen de trigo remanente todavía limita el potencial de suba de los precios.

El maíz aparece como uno de los granos más sensibles a la escalada del conflicto por su fuerte dependencia de los fertilizantes nitrogenados y su vínculo con el mercado energético.

El impacto en maíz es triple: sube el costo de fertilizantes, porque requiere más urea; además el maíz sigue al petróleo por su uso en etanol; y, al tratarse de un alimento básico, los países tienden a asegurar abastecimiento ante posibles disrupciones logísticas”, explica Romano.

Gran parte del comercio internacional de urea pasa por el estrecho de Ormuz o se produce a partir de gas de esa región, lo que amplifica el impacto del conflicto sobre este cultivo.

En Estados Unidos, las exportaciones de maíz volvieron a acelerarse cada vez que los precios registran bajas, lo que evidencia una demanda global firme pese a los elevados niveles de stocks. Sin embargo, la suba del precio de la urea llega en un momento delicado para los farmers, que están a punto de iniciar la siembra de la nueva campaña.

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El salto del precio de la urea no podía llegar en peor momento para los productores estadounidenses, porque ya tenían márgenes negativos. Esto podría generar una caída adicional de área de entre 1 y 1,5 millones de hectáreas, lo que sería alcista para los precios en el mediano plazo”, sostiene Romano.

En Brasil, el avance de la safrinha presenta algunos retrasos, particularmente en el estado de Goiás, aunque Mato Grosso -que concentra cerca de la mitad del área- mantiene un ritmo relativamente normal. En Argentina, en cambio, el ingreso de maíz temprano al mercado comienza a presionar los precios disponibles a la baja, mientras se espera que la cosecha se generalice en las próximas semanas.

En soja, los fundamentos del mercado siguen mostrando debilidad, principalmente por el bajo ritmo de exportaciones de Estados Unidos y la ausencia de China en ese mercado.

No hay razones claras para suponer que China vaya a concretar el compromiso de comprar 8 millones de toneladas adicionales de soja estadounidense, y en el contexto actual eso parece todavía menos probable”, explica Romano.

La relación política entre China e Irán y la dependencia energética del país asiático respecto de ese proveedor también podrían reforzar su inclinación a abastecerse en Brasil.

“Si miramos los precios, China debería acelerar las compras sobre Brasil, que sigue teniendo una producción elevada a pesar de algunas pérdidas marginales por exceso de lluvias”, agrega.

En Argentina, la mejora en la condición de los cultivos introduce un factor bajista para el mercado. Sin embargo, el bajo volumen de ventas de los productores abre dos posibles escenarios: una presión de precios durante la cosecha por necesidades de venta o, por el contrario, subas puntuales si los compradores encuentran dificultades para originar mercadería.

Es posible que inicialmente veamos un mercado bajista por la entrada de cosecha, pero si las ventas del productor no se aceleran esa presión podría durar poco”, analiza Romano.

De todos modos, el especialista remarca que, por ahora, los fundamentos propios de cada cultivo quedaron relegados frente al escenario geopolítico. “Si en algún momento la tensión se detiene, los mercados deberían volver a ordenarse en función de esos factores”, concluye.

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