A lo largo de cuatro década, de 1930 y principios de la década de 1970, miles de barriles que contenían desechos radiactivos, productos químicos industriales y relaves de refinería fueron arrojados a zonas profundas del océano, una práctica autorizada en ese momento que hoy plantea preocupaciones ambientales, científicas y regulatorias sobre fugas, contaminación marina y riesgos a largo plazo.

durante décadas, la Estados Unidos Arrojaron miles de barriles, llamados ‘barriles de halo que contienen residuos radiactivos y altamente contaminantes en el fondo del océano, en una práctica poco documentada que recién ahora comienza a investigarse en detalle.
Se trata de un enorme depósito de residuos arrojados deliberadamente a aguas profundas durante décadas, cuyos impactos ambientales recién ahora comienzan a comprenderse con mayor precisión científica.
Entre los años 1930 y principios de la década de 1970, empresas industriales y sectores vinculados a la defensa vierten toneladas de residuos al océano. Pacífico, en áreas designadas oficialmente para la eliminación en aguas profundas a lo largo de la costa del sur de California.
Durante ese período, la práctica estaba permitida o poco regulada, partiendo de la premisa de que las profundidades oceánicas actuarían como un medio de dilución permanente, capaz de neutralizar sustancias tóxicas con el tiempo.
Según registros históricos recopilados por Agencia de Protección Ambiental dos EUA, al menos 14 lugares de disposición En ellos se depositaban materiales muy diversos: residuos de baja radiactividad, subproductos del refinado del petróleo, desechos químicos industriales, residuos de la perforación de pozos petrolíferos e incluso explosivos militares obsoletos.

Muchos de estos materiales fueron empaquetados en simples barriles de metal, sin ninguna planificación para su almacenamiento a largo plazo.
Durante décadas, estos lugares permanecieron prácticamente fuera del radar científico y del debate público. La gran profundidad – a menudo superando los 600 metros – Esto, sumado a las dificultades técnicas y al elevado coste de las expediciones oceanográficas, hizo que el contenido y el estado de estos depósitos fueran poco investigados.
Esto sólo ha cambiado recientemente, con los avances en las tecnologías de mapeo de los fondos marinos y el uso de vehículos operados remotamente.
El interés público en el tema ha aumentado significativamente en 2020, cuando un informe de investigación de Los Angeles Times Se reveló que expediciones robóticas habían identificado docenas de barriles esparcidos por el fondo marino.
Las imágenes mostraban bidones corroídos, parcialmente enterrados en el sedimento, algunos de ellos rodeados de extrañas manchas de luz en el fondo marino.
En los años siguientes se llevaron a cabo campañas científicas más amplias. Instituto Scripps de Oceanografía, afiliado a la Universidad de California.
Em 2021 y 2023Los estudios realizados con sonares de alta resolución y vehículos sumergibles han identificado aproximadamente 27.000 objetos con forma compatible con barriles y mas que 100.000 piezas de escombros dispersos por el fondo del océano.
Estas cifras reforzaron la magnitud del problema y plantearon nuevas preguntas sobre el contenido de los barriles. Una hipótesis inicial, ampliamente discutida, fue que muchos de ellos contenían… DDT, un pesticida ampliamente utilizado en el período de posguerra y posteriormente prohibido debido a su persistencia ambiental y sus efectos tóxicos.
La asociación con el DDT no es casual. La región tiene antecedentes de contaminación por este compuesto, y varios barriles observados en imágenes submarinas estaban rodeados por él. halos blanquecinos En los sedimentos se encontraron formaciones inusuales que llamaron la atención de los investigadores.
La similitud visual con otros sitios contaminados con DDT hizo sospechar que los bidones eran una fuente directa de este pesticida.
Sin embargo, a pesar de la relevancia de la hipótesis, faltaban datos directos que demostraran la presencia del compuesto en los barriles específicos observados en el fondo marino. Esta carencia motivó una investigación más detallada, centrada en el análisis químico y biológico de los sedimentos que rodeaban los contenedores.

Em 2021, un equipo dirigido por el microbiólogo Johanna Gutleben, de la Institución Scripps, recogió muestras de sedimentos cerca de cinco barriles Utilizando un vehículo operado a distancia. El objetivo era evaluar cómo variaba la composición química y la vida microbiana al acercarse a los contenedores.
Los resultados, publicados en Septiembre 9 en la revista científica Nexo PNAS, trajo una sorpresa importante. Los análisis mostraron que Los niveles de DDT no aumentaron. cerca de los barriles, lo que indica que esos contenedores específicos No contenían el pesticida..
Este hallazgo llevó a los investigadores a reconsiderar viejas hipótesis y dirigir su atención a otros tipos de residuos que pueden estar más desatendidos.

Residuos altamente alcalinos y ambientes extremos
Tres de los cinco barriles analizados presentaban halos blancos bien definidos a su alrededor. Las muestras recolectadas en estas zonas revelaron un hecho alarmante: El pH de los sedimentos era extremadamente alto., alrededor 12, un nivel considerado fuertemente alcalino. A modo de comparación, el agua de mar suele tener un pH de alrededor de 8.
Lo que aún se desconoce
A pesar de los avances, persisten importantes incertidumbres. Aún se desconoce el número total de barriles en el fondo marino, así como el contenido exacto de la mayoría de ellos. Se desconoce:
- ¿Cuántos contenedores quedan intactos?
- ¿Cuántos se han filtrado ya completamente?
- ¿Qué otros tipos de residuos, además de los alcalinos, están presentes?
- Si los contaminantes entran en la cadena alimentaria
Los investigadores estiman que aproximadamente un tercio de los barriles analizados hasta ahora Presenta halos blancos, pero no está claro si esta proporción se mantendrá a medida que se mapeen nuevas áreas.
Próximos pasos de la investigación
El equipo sugiere que los halos se pueden utilizar como indicador visual para identificar barriles que contienen residuos alcalinos, lo que ayuda a mapear el alcance de la contaminación sin la necesidad de tomar muestras inmediatas en todas las ubicaciones.

Sin embargo, cualquier estrategia de monitoreo o eventual eliminación enfrenta enormes desafíos técnicos, financieros y ambientales.
La extrema profundidad, la fragilidad de los barriles corroídos y el riesgo de liberar aún más contaminantes hacen de cualquier intervención un dilema complejo.
Lo que aún se desconoce
A pesar de los avances, persisten importantes incertidumbres. Aún se desconoce el número total de barriles en el fondo marino, así como el contenido exacto de la mayoría de ellos. Se desconoce:
- ¿Cuántos contenedores quedan intactos?
- ¿Cuántos se han filtrado ya completamente?
- ¿Qué otros tipos de residuos, además de los alcalinos, están presentes?
- Si los contaminantes entran en la cadena alimentaria
Los investigadores estiman que aproximadamente un tercio de los barriles analizados hasta ahora Presenta halos blancos, pero no está claro si esta proporción se mantendrá a medida que se mapeen nuevas áreas.

Próximos pasos de la investigación
El equipo sugiere que los halos se pueden utilizar como indicador visual para identificar barriles que contienen residuos alcalinos, lo que ayuda a mapear el alcance de la contaminación sin la necesidad de tomar muestras inmediatas en todas las ubicaciones.
Sin embargo, cualquier estrategia de monitoreo o eventual eliminación enfrenta enormes desafíos técnicos, financieros y ambientales.
La extrema profundidad, la fragilidad de los barriles corroídos y el riesgo de liberar aún más contaminantes hacen de cualquier intervención un dilema complejo.
Artículo Escrito por: Fabio Lucas Carvalho