La flota gallega pesca en Argentina el mejor langostino

Los gerentes de Profand y Lanzal explican cómo las empresas gallegas consolidan su presencia en la Patagonia y aprenden a lidiar con los vaivenes económicos y laborales.

Con el langostino salvaje como producto estrella, las empresas gallegas ubicadas en la Patagonia argentina consolidan su presencia en la región y aprenden a lidiar con los vaivenes de la economía. Burocracia, inflación, valor de la divisa, impuestos y un escenario laboral altamente conflictivo, son algunas de las cosas que mencionan los gerentes de dos de las firmas más importantes de la pesca gallega: Profand y Lanzal.

«Invertir en Argentina siempre es complejo porque es un país de riesgo, pero este langostino (Pleoticus muelleri) solo se puede capturar aquí». Israel Gómez, gerente de Consermar, del Grupo Profand, da una de las claves de por qué la multinacional líder ha instalado una de sus plantas de procesado en la ciudad de Trelew, en la provincia de Chubut. Gómez, que nació en Vigo, lleva 13 años en la Patagonia. Profand cuenta con dos plantas procesadoras en el país austral, 9 barcos y dos almacenes frigoríficos. También está asentado en este rincón del globo el Grupo San Isidro, socio de Lanzal, que cuenta con 3 plantas procesadoras, 23 barcos y un muelle de descarga.

Pese a los riesgos y desafíos, el langostino salvaje es un producto premium que solo se consigue en aguas argentinas. «El principal problema que tenemos es la competencia del vannamei», sostiene

Sebastián Haro, gerente de la planta Greciamar (Puerto Madryn, Chubut). «Aunque es de calidad inferior, tiene sus consumidores. Un japonés, que lo come crudo, ni se lo plantea, pero si lo vas a meter en un caldo, por ahí sí. Para nosotros el clima es un factor de incidencia muy importante y para el de criadero no, por eso este esquema de retención (el impuesto que se aplica a la exportación) hace que la brecha con el vannamei sea aún más grande», comenta.

Consorcio de Gestiònd de Puerto La Plata

Para Gómez, la diferencia entre un producto y otro también radica en el trabajo que hay detrás de su producción: «La mano de obra es espantosamente cara en Argentina, lo mismo que las inversiones», apunta. «Consermar (Profand) no tiene las complicaciones que tiene Greciamar (Lanzal) para importar maquinaria, porque la nuestra es una producción más artesanal, pero ahora estamos por comprar una lavadora para que el proceso sea más cómodo, y para liberarnos de un volumen excesivo de personal».

En el caso de Greciamar, la experiencia de comprar un giro freezer (congelador industrial de alta eficiencia) en el exterior, si bien les ha permitido agilizar la tarea, también supuso toda una odisea. «Teníamos el dinero, pero nunca llegábamos a cumplir con lo que nos pedían», recuerda Haro. «Cambiaban las regulaciones, se nos acumulaban los trámites burocráticos para explicar que ese insumo no se fabricaba en el país y se nos vencían los plazos, hasta que finalmente tuvimos que pedir un crédito en el exterior para cumplir con el último pago; y eso que era Brasil y estábamos dentro del Mercosur —relata—. Las restricciones para importar hacen que todo sea más complejo».

La otra queja más que habitual entre los empresarios es la estructura de costes, que, además de la carga impositiva, el fluctuante precio del dólar y la inflación, tiene que ver con un escenario laboral complejo. «Este ha sido un año complicado por cuestiones climáticas —indica Gómez—, «pero hace dos años la campaña, que normalmente va de noviembre a marzo, terminó el 1 de febrero por problemas sindicales, con lo cual durante un mes y medio no tuvimos capturas. Y el año pasado la campaña nacional, que tenía que haber arrancado el 1 de junio, arrancó el 1 de agosto». En este ejercicio, con la recientemente aprobada reforma laboral, se está dibujando un escenario altamente conflictivo.

Maraña legal

Los vínculos entre la industria de la pesca y las asociaciones con los Gobiernos también cambian de manera vertiginosa y varían según se trate de una provincia o a nivel nacional. Sin ir más lejos, la frustrada compra de la planta de procesamiento de Alpesca (Puerto Madryn) por parte de Consermar (Profand) en octubre pasado, expuso un frágil andamiaje jurídico cuando el gobierno de la provincia de Chubut dispuso rescindir unilateralmente el contrato un mes después de su concreción. «Pese a que eso fracasó, yo quiero pensar que la idea sigue siendo expandirse», advierte Gómez. «Quiero pensar que lo de Alpesca nos va a servir como trampolín», añade.

Dado que Argentina prácticamente no tiene consumo interno, casi la totalidad de la captura de langostino se exporta, y el otro gran tema con el que vienen lidiando las principales firmas gallegas (entre las que se incluyen Estrella Patagónica, Iberconsa y Conarpesa/Wofco) es el impuesto a las exportaciones. «No sé porque al campo se lo rebajan y a la pesca no. Debería estar unificado para que todos podamos trabajar en las mismas condiciones. Cuantas más facilidades tengamos más empresas van a venir a invertir. Aquí siempre pasan cosas. Los Rolling Stones se cambian la sangre, y nosotros venimos a vivir a la Argentina para renovarla», bromea.

Fuente: Cecilia Valdez – para La Voz de Galicia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *