La industria naval asegura que puede volver a haber barcos argentinos trasladando la producción

Sólo con su actividad agropecuaria, Argentina saca millones de toneladas de producción cada año a través de sus puertos. Y al igual que las demás industrias y sectores exportadores, los encargados de hacerlo son barcos que portan todo tipo de banderas y, desde ya, se llevan miles de millones de dólares en concepto de fletes.

Pero eso no siempre fue así, pues el país supo tener, décadas atrás, una industria astillera muy pujante, que fabricaba, reparaba y mantenía enormes flotas para el “granero del mundo”. De eso queda hoy sólo un recuerdo, bastante borroso por cierto.

Como experimentada maquinista y presidenta de la Cámara de la Industria Naval Argentina, que agrupa a todo el sector, Silvia Martínez tiene dos grandes certezas: que no se conoce lo suficiente a esa actividad y que, sin lugar a dudas, puede volver a ser lo alguna vez fue.

La pregunta central es de qué manera. Y es lo que esbozó en su entrevista junto a Bichos de Campo.

– Tenemos la memoria histórica de un país que tuvo sus propios barcos ¿Existe la industria naval argentina todavía?

– Por supuesto que existe. Hay sobradas muestras de que realmente tenemos capacidad, tenemos diseño, tenemos ingeniería, tenemos talleres y astilleros. Yo tengo 50 años en esta industria y conocí esa época de oro. Lamentablemente eso se perdió, pero no está muerto quien pelea. Estamos presentando propuestas de impacto.

– ¿Y qué significa que un país tenga sus propios barcos?

– Que realmente haya una política de Estado que obligue a que todas las exportaciones salgan con flotas argentinas y, de ese modo, que todos los talleres y astilleros tengan la posibilidad de construir y reparar. De todas maneras, estamos en un momento de integración con el mundo y nosotros no podemos mirar para otro lado. Tenemos que amigarnos con eso

– Producimos mucho, es una picardía que no tengamos barcos para trasladar al menos una fracción de eso…

– Se pierden de 5.000 a 7.0000 millones de dólares al año en fletes por no tener barcos propios. Si realmente se conoce nuestra actividad y nuestras virtudes y nos dan la posibilidad de conformar un elenco de transporte fluvial y marítimo del 10% de la carga que sale, poco a poco recuperamos una industria, obtenemos divisas para el Estado y generamos trabajo.

Como “madre de industrias”, este sector contribuye también al desarrollo de muchos otros, como el hidrocarburífero, el minero o el del transporte, y por eso se considera que, más allá de los puestos de trabajo propios, alimenta también a varios circuitos indirectos.

Al mando de una cámara que acumula ya 62 años y tiene jurisdicción en todo el país, Silvia insiste en que “no está muerto quien pelea”, pero evita el tono confrontativo y asegura que lo propio es presentar propuestas y proyectos que pongan en agenda la recuperación del sector naval en su conjunto.

“Nosotros queremos asistir a todos aquellos que vinieron a invertir en el país, y hoy por hoy tenemos una oportunidad con las empresas del RIGI. Argentina tiene muchísimos recursos, solamente hay que planificar”, expresó la dirigente.

El agro, por lejos el motor económico que más divisas aporta, no es ajeno a esta discusión. “Es una asignatura pendiente”, puntualizó.

Con los años, los principales marcos normativos del sector -la Ley de Marina Mercante y la Ley de Industria Naval- fueron sufriendo importantes modificaciones. Sin embargo, antes de hablar de legislación, Martínez señala que debe trabajarse en un aspecto aún más básico: alzar las manos y mostrar que están allí.

Necesitamos que los funcionarios y toda la sociedad entiendan de qué se trata nuestro sector. Nadie sabe de qué se trata un barco, y hay que crear conciencia para que se sepa el impacto en producción y en generar empleo y en divisas para el Estado”, concluyó la referente sectorial.

Fuente: Bichos de Campo

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