El Consejo de la Unión Europea dio el pasado viernes un paso clave al aprobar de manera provisoria el acuerdo de libre comercio con el Mercosur, destrabando uno de los mayores obstáculos políticos para la ratificación de un tratado negociado durante más de 25 años.

La decisión allana el camino para la firma formal del acuerdo entre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y los países del bloque sudamericano —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay—, prevista para este lunes en Asunción. De concretarse, el pacto dará lugar a la zona de libre comercio más grande del mundo, con más de 720 millones de consumidores.
Pese al avance político, el tratado aún deberá ser aprobado por el Parlamento Europeo. Allí el escenario aparece más complejo: alrededor de 150 eurodiputados, de un total de 720, anticiparon que podrían recurrir a la Justicia europea para frenar su implementación.
Además, una vez firmado, el acuerdo deberá ser ratificado por los parlamentos nacionales de cada país del Mercosur y de la Unión Europea, un proceso que podría extenderse durante meses o incluso años.
El tratado prevé la eliminación de aranceles sobre el 90% del comercio bilateral, con plazos de desgravación más largos que en acuerdos anteriores de la UE. Incluye, además, reglas de origen, capítulos sobre servicios, propiedad intelectual, contratación pública, comercio sostenible y mecanismos de resolución de disputas.

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Desde Europa estiman que el bloque podría sumar hasta u$s10.000 millones adicionales en exportaciones anuales, mientras que las ventas del Mercosur podrían crecer cerca de u$s60.000 millones, impulsando especialmente los sectores agroindustrial, energético y minero.
“La firma del acuerdo no significa el final del proceso”, advirtió el presidente Emmanuel Macron en un mensaje publicado en la red social X, en el que ratificó que seguirá exigiendo garantías para proteger al sector agrícola francés.
No obstante, Francia sigue siendo el principal foco de resistencia . Macron reiteró que su país votará en contra del acuerdo por el impacto que podría tener sobre los productores agropecuarios europeos, en particular frente al ingreso de carne vacuna, aves y azúcar a precios más bajos.