En un contexto de creciente incertidumbre geopolítica, el transporte marítimo internacional vuelve a situarse en el centro de atención. Desde la compañía aragonesa JCV Shipping and Solutions explican cuáles son las claves.

Conflictos abiertos, tensiones regionales persistentes y desequilibrios operativos en las cadenas logísticas obligan a empresas exportadoras e importadoras a planificar con más cautela que nunca. En este escenario nace el mapa base de puntos de riesgo marítimo para 2026, una herramienta que no pretende predecir crisis, sino identificar los puntos que, hoy, conviene vigilar.
A diferencia de otros ejercicios similares, este mapa no es una fotografía estática ni un listado de “zonas peligrosas”. Se trata de un análisis temporal, elaborado con la premisa de que el riesgo en el transporte marítimo ya no se mide solo en términos de cierres totales, sino también en fricciones, desajustes y volatilidad operativa.
Un mapa condicionado por la inestabilidad actual
El punto de partida del mapa es claro: el mundo atraviesa una fase de inestabilidad prolongada. No hay un único conflicto dominante, sino varios focos simultáneos que interactúan entre sí. Esta realidad hace que rutas clave como el Canal de Suez, el Estrecho de Ormuz o el Estrecho de Malaca sigan siendo cuellos de botella estructurales cuya relevancia se mantiene intacta en 2026.
Sin embargo, el matiz es importante. En muchos casos, el riesgo ya no es el bloqueo absoluto de una ruta, sino su funcionamiento irregular: reaperturas graduales, cambios repentinos de servicio, congestión en puertos clave o incremento de costes asociados a seguros y combustible. Para las empresas, esto se traduce en menor fiabilidad y mayor complejidad en la planificación además de una incertidumbre en los precios de transporte.
De los grandes estrechos a las zonas de fricción
El mapa distingue entre tres niveles de atención. Por un lado, los grandes chokepoints estructurales, como Suez, Ormuz, Malaca o Panamá, que concentran un volumen de tráfico tal que cualquier alteración tiene efectos globales. Por otro, los conflictos bélicos activos o latentes, especialmente en Oriente Medio, el Mar Rojo o el entorno del Mar Negro, cuya evolución puede modificar rutas de forma abrupta.
Finalmente, aparecen las llamadas zonas de riesgo operativo, que no suelen protagonizar titulares pero afectan de forma constante al comercio marítimo. Es el caso del Golfo de Guinea, donde la piratería residual y la inseguridad encarecen y ralentizan los tráficos, o de algunos grandes puertos del norte de Europa, cada vez más sensibles a episodios de congestión derivados de ajustes en las redes globales.

Un mapa con fecha de caducidad
Uno de los mensajes clave del análisis es que este mapa no es definitivo. Está diseñado específicamente para 2026 y asume que la situación internacional puede cambiar con rapidez. Zonas que hoy no representan un riesgo crítico podrían hacerlo mañana, y puntos que hoy se vigilan de cerca podrían perder relevancia si se estabilizan.
Por eso, más que una advertencia, el mapa es una herramienta de contexto. Ayuda a entender por qué en 2026 el transporte marítimo seguirá marcado por la incertidumbre y por qué la gestión del riesgo se ha convertido en un elemento central de la logística internacional.
Planificar en un mundo volátil
Para exportadores e importadores, la conclusión es clara: en el escenario actual, la planificación flexible y la anticipación valen tanto como el precio del flete. Conocer los puntos de riesgo, entender su naturaleza y asumir que el entorno puede cambiar en cuestión de semanas es ya parte del día a día del comercio global.
Fuente: heraldo.es