En los últimos días, importadores de la Unión Europea habrían emitido al menos tres alertas por la detección de trazas del gen HB4 en harina de soja argentina, un evento biotecnológico que no está aprobado en ese mercado.

La noticia que casi paso desapercibida, generó preocupación en la industria agroexportadora, dado que la harina de soja es el principal producto de exportación del país y cualquier restricción podría tener un fuerte impacto económico.
La soja, desarrollada por Bioceres, fue aprobada en Argentina en 2015 bajo la condición de contar con autorización en los países compradores, algo que aún no ocurrió en la mayoría de los destinos. Según un mensaje difundido entre operadores del sector, los rechazos se habrían registrado en Países Bajos, lo que disparó reuniones entre el gobierno argentino y la Comisión Europea para intentar contener el daño.
El HB4 es cuestionado porque, aunque fue desarrollado para resistir sequías, su cultivo implica el uso de herbicidas altamente tóxicos como el glufosinato de amonio (15 veces más dañino que el glifosato), lo que genera riesgos para la salud humana, la biodiversidad, la calidad del agua y los ecosistemas.
En el año 2022, la Agencia de Noticias Biodiversidadla adelantó que «La aprobación para su siembra del trigo transgénico HB4 en Argentina es un nuevo riesgo para la salud y la alimentación de las personas, debido a su resistencia al herbicida glufosinato de amonio, más tóxico aún que el glifosato».
La Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC) habrían compartido la advertencia con sus asociados, aunque oficialmente declinaron hacer comentarios. En paralelo, se pidió a productores, acopios y cooperativas extremar recaudos para evitar que granos HB4 ingresen en circuitos destinados a la UE.
Fuente: ANB /Flamedia