Dia de la Antártida – 122 años

El 22 de febrero de 1904 se inauguró el Observatorio Meteorológico en la Isla Laurie, Orcadas del Sur, que luego sería la Base Orcadas, hito histórico que marcó el inicio de la permanencia ininterrumpida de la Argentina en la Antártida.

El Día de la Antártida Argentina conmemora la inauguración, el 22 de febrero de 1904, del Observatorio Meteorológico en la Isla Laurie, Orcadas del Sur, que luego sería la Base Orcadas, un hito histórico que marcó el inicio de la permanencia ininterrumpida de la Argentina en la Antártida.

Este hecho, fue reconocido oficialmente en 1974 con la ley Nº 20.827, estableciendo el 22 de febrero como el Día de la Antártida Argentina. Durante décadas, Argentina fue la única nación con ocupación permanente en el continente, consolidando su posición estratégica y científica.

La presencia argentina en la Antártida se remonta a 1902, cuando el Alférez José María Sobral se unió a la expedición sueca de Otto Nordenskjöld. El hundimiento del buque Antarctic de esta expedición llevó a nuestro país a efectuar un exitoso rescate con la Corbeta Uruguay al mando del Teniente Julián Irízar. Desde entonces, múltiples expediciones argentinas han dejado su huella, como la expedición aérea al Polo Sur en 1965, la expedición por tierra al Polo Sur en 1966, y el primer vuelo transpolar en 1969.

Desde 1951, la investigación ha sido una prioridad con la creación del Instituto Antártico Argentino (IAA). La firma del Tratado Antártico en 1959 consolidó la ciencia como un eje central para la cooperación internacional y la toma de decisiones en el continente blanco.

El Sector Antártico Argentino abarca aproximadamente 1.461.597 km², de los cuales 965.314 km² corresponden a tierra firme. En esta región, nuestro país administra trece bases, seis de ellas permanentes y siete temporarias, garantizando una presencia estable y activa a lo largo del año.

Sin embargo nuestra presencia sostenida en la Antártida comenzó antes, en 1902, cuando el Alférez José María Sobral se unió a la expedición sueca de Otto Nordenskjöld. El hundimiento del buque Antarctic de esta expedición llevó a la Argentina a efectuar un exitoso rescate con la Corbeta Uruguay al mando del Teniente Julián Irízar.



Con el paso de los años, se destacaron múltiples expediciones argentinas que fundaron las bases antárticas de nuestro país. Entre muchas otras, cabe mencionar la expedición aérea de la Armada al Polo Sur, con Pedro Margalot; la expedición por tierra al Polo Sur, con Gustavo Giró Tapper y su comandante, el General Jorge Leal, y el primer vuelo transpolar, con Mario Luis Olezza y Gustavo Argentino Marambio.

Con visión de futuro, la Argentina desarrolló una actividad científica pionera desde 1951, cuando fue fundado el Instituto Antártico Argentino, que permitió desplegar el destacado trabajo de sus investigadores. Recién en 1959, con la firma del Tratado Antártico, la ciencia se constituiría a nivel internacional en el vector de la toma de decisiones en el seno del Sistema del Tratado Antártico.

En esos tiempos, fueron destacados científicos como el Dr. Rafael Cordini, autor de la primera publicación del Instituto Antártico Argentino, y el glaciólogo César Augusto Lisignoli, e investigadores como Ing. Pedro Skvarca, la Dra. Marta Ghidella, el Dr. Rodolfo Del Valle y el Dr. Alejandro Carlini, quienes continuaron con esta tradición de ciencia de calidad desde el Instituto Antártico Argentino.

Los diplomáticos de la Cancillería argentina defendieron los derechos y el interés de nuestro país en aquella negociación del Tratado Antártico, cuando participaron en la mesa chica de la Conferencia de Washington sobre la Antártida en 1959, donde se elaboró y aprobó el Tratado. Entre los diplomáticos «antárticos» se han destacado los embajadores Juan Carlos Beltramino, Orlando Rebagliati y Horacio Solari. Hoy, la Argentina mantiene un rol activo en los foros del Tratado que resguarda debidamente los derechos de soberanía de la Argentina en el llamado “continente blanco”. 

Al cumplir los 122 años, el país pone otro jalón en el avance sostenido de construcción de la pista de aterrizaje de la base conjunta Petrel. La pista en cuestión de unos 1.400 metros de largo de grava consolidada alcanzó el 40 por ciento de los parámetros (extender longitud, ensanchar la cinta y compactar el suelo, entre otros) exigidos por la Fuerza Aérea para poder operar con aviones de porte medio a grande como el C-130 Hércules y el P-3B Orion de la Aviación Naval.

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