En octubre de 1975, el Reino Unido anunció el envío a las Islas Malvinas de una misión encabezada por Lord Edward Shackleton para estudiar las posibilidades de desarrollo económico y explotación de los recursos naturales del archipiélago y sus espacios marítimos.

El 22 de octubre, durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, la Cancillería argentina rechazó formalmente la iniciativa y advirtió que la misión “no sería bienvenida”, por considerar que violaba el principio de no innovar mientras la disputa de soberanía se encontraba sometida a negociaciones internacionales.
La posición argentina fue clara: La discusión sobre la soberanía no podía ser desplazada por fórmulas de cooperación económica que permitieran al Reino Unido avanzar unilateralmente sobre los recursos del Atlántico Sur.
Pese al rechazo argentino, la misión llegó a las islas en enero de 1976, cuando se cumplía un nuevo aniversario de la usurpación de 1833. La tensión escaló el 4 de febrero, cuando el destructor ARA Almirante Storni interceptó al buque británico de investigación RRS Shackleton en aguas próximas a Malvinas.
Al ordenar la detención del buque británico para su inspección, el comandante Arosa recibió la negativa del RRS Shackleton. Por su parte, el ilegítimo gobernador de Malvinas, Neville French, ordenó a la embarcación continuar con su rumbo. Ante esto, el ARA Almirante Storni realizó disparos de advertencia y comenzó una persecución. A partir de ese momento, la tensión se intensificó, con el apoyo de un avión de exploración SP-2H Neptune que respaldó las acciones del destructor argentino.
Sin embargo, el Shackleton logró refugiarse en Puerto Argentino. Más tarde, el conflicto diplomático escalaría debido a la protesta de los usurpadores británicos ante la ONU.
El episodio expresó una definición central de la política argentina de aquellos años: Defender la soberanía sobre Malvinas implicaba también impedir la apropiación unilateral de sus recursos naturales.
Fuente: museomalvinas.mda