El incidente protagonizado por el R/E Tío Jan frente al Puente General Belgrano vuelve a poner sobre la mesa una discusión que el sector marítimo viene planteando desde hace tiempo: qué lugar ocupa la seguridad cuando las decisiones se toman bajo el criterio de reducir costos y flexibilizar regulaciones.

El propio historial del puente demuestra que no se trata de un riesgo desconocido. Los antecedentes de acaecimientos llevaron en su momento a establecer restricciones específicas para el paso de convoyes, justamente para preservar la seguridad de la navegación.
Sin embargo, en los últimos años se sucedieron modificaciones regulatorias que merecen ser analizadas en conjunto.
En 2025, ANPYN modificó el régimen de excepciones al cabotaje, facilitando determinados procedimientos para la intervención de buques extranjeros.
En 2026, también se impulsaron cambios sobre el régimen de practicaje y pilotaje, bajo argumentos vinculados con la reducción de costos y la eliminación de exigencias consideradas innecesarias o desproporcionadas.
Y hoy, después del incidente del Tío Jan, vuelven a establecerse restricciones para el franqueo de convoyes en el Puente General Belgrano.
La pregunta que debemos hacernos es simple: ¿estamos ahorrando costos o estamos trasladando los riesgos?
Porque en la navegación, una decisión que reduce costos sobre el papel puede terminar generando costos mucho mayores cuando están en juego una infraestructura estratégica, una embarcación, una tripulación o una vida humana.
Desde SICONARA Seccional Corrientes creemos que la eficiencia y seguridad no deben ser conceptos enfrentados. La navegación necesita reglas claras, controles efectivos y decisiones basadas en criterios técnicos. La seguridad no puede ser considerada un costo. Es la condición indispensable para navegar.