Jordi Aragunde, coordinador laboral internacional del International Dockworkers Council, analizó los desafíos que atraviesan los trabajadores portuarios frente a la automatización, la inteligencia artificial y la transformación de las cadenas logísticas. También destacó la negociación colectiva, la solidaridad internacional y la formación de nuevas generaciones como herramientas para organizar el futuro del sector.

El IDC (International Dockworkers Council – Consejo Internacional de Estibadores) atraviesa un escenario en el que la transformación tecnológica ocupa un lugar central en el futuro del trabajo portuario. En ese contexto, el organismo se prepara para su Asamblea General, que se realizará los días 17, 18 y 19 de noviembre en Río de Janeiro, donde se abordarán los principales desafíos que atraviesa el sector y las estrategias de organización para las próximas décadas.
Para Jordi Aragunde, coordinador laboral internacional del organismo, el principal desafío es defender el empleo frente a una incorporación de tecnología que, según plantea, no debería utilizarse como argumento para sustituir trabajadores. “No tenemos miedo al cambio. Lo que no aceptamos es que, en nombre del progreso, el trabajador sea tratado como una pieza que se puede eliminar”, sostuvo.
Para el dirigente, el objetivo debe ser que las nuevas herramientas hagan el trabajo “más seguro, eficiente y digno”, sin destruir puestos ni precarizar las condiciones laborales.
Aragunde describió una transformación que incluye automatización de equipos, vehículos autónomos, sistemas remotos, inteligencia artificial y digitalización de procesos. Sin embargo, señaló que el debate no debería limitarse a la cantidad de máquinas que llegan a los puertos, sino a quién decide cómo se utilizan y cuáles son las consecuencias para los trabajadores: “El verdadero problema es quién decide cómo se utilizan, para qué se utilizan y quién paga el precio de esa transformación”, afirmó.

En ese sentido, planteó que cualquier incorporación tecnológica debería discutirse previamente con las organizaciones sindicales y estar acompañada por negociación colectiva, participación sindical, formación, reciclaje profesional, garantías de empleo y condiciones de seguridad. “Si una empresa quiere introducir una nueva tecnología, debe sentarse con los trabajadores antes de hacerlo. No después”, afirmó. Para Aragunde, el impacto de una nueva tecnología tampoco puede medirse únicamente por el ahorro que representa para una empresa: “Tenemos que preguntarnos también: ¿qué ocurre con esa persona? ¿Qué ocurre con su familia? ¿Qué ocurre con la comunidad portuaria?”.
Para el coordinador internacional del IDC, la dimensión internacional resulta clave porque las empresas, los operadores y las cadenas logísticas también tienen alcance global. Frente a esa realidad, sostuvo que la respuesta sindical debe trascender las fronteras nacionales. “Las empresas son globales. Las cadenas logísticas son globales. Los operadores pueden estar presentes en Australia, América, Europa, Asia o África. Entonces nuestra respuesta también tiene que ser global”, explicó.
Pero Aragunde remarcó que esa solidaridad no debería aparecer solamente cuando estalla un conflicto. También implica construir confianza, formar dirigentes, compartir experiencias y acompañar a sindicatos que tienen menor capacidad de negociación. “Un sindicato solo puede luchar. Una organización internacional unida puede cambiar las reglas del juego”, sostuvo.

En América Latina, identificó desafíos vinculados con la automatización, la externalización, la precarización, la reorganización de terminales, la presión sobre los convenios colectivos y el poder creciente de los operadores internacionales. Para Aragunde, los puertos latinoamericanos son estratégicos para el comercio mundial y quienes generan esa riqueza “deben tener también una voz fuerte sobre cómo se organiza ese futuro”. En ese marco, planteó la necesidad de evitar una “carrera hacia abajo” entre puertos basada en el deterioro de las condiciones laborales.
Frente a este escenario, Aragunde señaló que la respuesta en América Latina debe apoyarse en la unidad, el intercambio de información y experiencia y la defensa de la negociación colectiva. Pero también puso el foco en las nuevas generaciones. “Especialmente debemos invertir en los jóvenes”, sostuvo, y explicó que si el objetivo es que dentro de veinte o treinta años existan sindicatos fuertes, es necesario “formar hoy a los dirigentes que estarán allí”.
La Asamblea General del IDC, prevista para los días 17, 18 y 19 de noviembre en Río de Janeiro, será para Aragunde una instancia para definir una estrategia frente a las transformaciones que atraviesan al sector. Automatización, inteligencia artificial, formación, juventud, seguridad, igualdad y solidaridad internacional aparecen entre los debates prioritarios. “Río debe ser mucho más que una Asamblea. Debe ser un punto de inflexión”, afirmó.
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Hola Ximena. Vale la aclaración. La nota nos llego de gremios de la IDC, y no se nos dijo que la autoría les pertenecía. De cualquier manera, luego del llamado telefónico suyo con el director de informemartitimo.com, la nota se retiro con el pedido de disculpas correspondiente.
A sus órdenes