Activistas de Greenpeace han cambiado el nombre del buque arrastrero “Voyager”, barco neozelandés de 79 metros de eslora, actualmente en construcción en el astillero de Marín (Pontevedra), por el apelativo de “Ocean Killer” (asesino del océano en castellano). Además, cambiaron el cartel original del local que la empresa tiene junto al puerto, modificando su mensaje original “bringing you the best of New Zealand” (trayéndote lo mejor de Nueva Zelanda) por “killing the ocean of New Zealand” (matando el océano de Nueva Zelanda).

Las personas activistas que ayer realizaron esta acción de protesta pacífica en Galicia eligieron este buque de la empresa pesquera neozelandesa Talley’s como objetivo para denunciar la pesca de arrastre de fondo que sigue realizándose en los montes submarinos de Nueva Zelanda y en alta mar del Pacífico Sur (Nueva Zelanda es el único país que aún practica la pesca de arrastre de fondo en la zona).
La pesca de arrastre de fondo es un método de pesca indiscriminado en el que se arrastran por el lecho marino redes grandes y pesadas, destruyendo los hábitats presentes en el fondo marino como los corales, además de capturar grandes cantidades de otras especies marinas como captura incidental.
“Estos barcos son destructores del océano y la construcción de un nuevo superarrastrero va en contra de todas las personas que exigen el fin de la pesca de arrastre de fondo en los montes submarinos. Estos puntos clave para la biodiversidad albergan corales frágiles y milenarios que pueden ser arrasados en cuestión de segundos con este arte de pesca”, ha declarado Marta Martín-Borregón, responsable de la campaña de océanos en Greenpeace España. “Invertir dinero en un nuevo arrastrero demuestra que esta industria no tiene intención alguna de detenerse. Garantizar un océano sano para el futuro nunca ha sido tan urgente, y protegerlo significa prohibir sin demora la pesca de arrastre en estas zonas vulnerables, así como la creación de santuarios oceánicos en aguas internacionales en el marco del Tratado Global de los Océanos”.
Talley’s es una empresa pesquera comercial neozelandesa que opera cinco buques de pesca de fondo en alta mar y docenas de arrastreros costeros. El Voyager se convertirá en el buque más grande de su flota.
La empresa cuenta con un largo historial de prácticas destructivas de pesca de arrastre de fondo. En 2018, el Amaltal Apollo faenó con redes de arrastre en una zona protegida del Lord Howe Rise, en aguas internacionales del mar de Tasmania, una de las zonas prioritarias para su protección bajo el Tratado Global de los Océanos para Greenpeace, mientras otro de sus buques, Amaltal Mariner, también fue condenado en 2019 por faenar con redes de arrastre en una reserva marina neozelandesa.
No es la primera vez que activistas cambian el nombre de un buque de Talley’s. En 2025, el buque Amaltal Enterprise fue rebautizado cuando se encontraba en la meseta submarina Chatham Rise, frente a la costa este de Nueva Zelanda, por activistas del Rainbow Warrior, y más tarde, ese mismo año, un escalador trepó al buque Amaltal Colombia.
”Nos encontramos en una crisis oceánica, y las industrias que dañan el océano están redoblando sus esfuerzos, construyendo arrastreros cada vez más grandes en su implacable afán por extraer más recursos de los mares. Esto es insostenible. Debemos proteger los ecosistemas vulnerables de la pesca de arrastre de fondo si queremos tener un océano sano y peces para el futuro. No hay ningún argumento para seguir retrasando esta medida”, ha añadido Martín-Borregón.
La flota de arrastre de fondo también es una de las más potentes en España pese a no ser la mayoritaria en cuanto a número de buques. Tal y como refleja el informe MAS publicado por Greenpeace en julio de 2025, esta flota realiza el 24% de las capturas en caladero nacional y más del 30% en caladero comunitario y no comunitario. La flota arrastrera, al presentar una baja selectividad, genera una elevada cantidad de descartes pesqueros, es decir, capturas de especies no deseadas que se devuelven al mar en su gran mayoría muertas, llegando a ser en el caso de los buques arrastreros congeladores hasta un 62,3% de sus capturas.
Ahora es más urgente que nunca apostar por la pesca artesanal por su bajo impacto ambiental y alto valor social y la acuicultura tradicional de bivalvos, y esto debe empezar por un compromiso firme de los políticos, acompañado de medidas y ayudas económicas reales así como un plan de respaldo urgente frente a la preocupante crisis y falta de relevo generacional a la que se enfrenta el sector pesquero. Por ello, en el actual contexto de elecciones en el que se encuentra España, exigimos a los partidos políticos un compromiso firme para prohibir las artes de pesca y acuicultura industriales que esquilman el medio marino y acabar definitivamente con la financiación de la pesca y acuicultura destructivas, que ponen en riesgo la biodiversidad y el suministro de pescado.
“Blindar nuestros mares no solo protege la biodiversidad y el clima, sino que es la única vía para garantizar el futuro y la supervivencia de la biodiversidad y la pesca artesanal tradicional, el motor económico de nuestras comunidades costeras que se ve asfixiado por los intereses de la flota y acuicultura industriales”, ha añadido Martín-Borregón.