La compañía belga DEME manifestó cuestionamientos sobre el proceso impulsado por Argentina y elevó sus preocupaciones incluso ante autoridades de Estados Unidos, que reaccionó inmediatamente citando al «Asesor» presidencial Santiago Caputo a una reunión con carácter de urgente la semana pasada.

En paralelo, surgieron versiones sobre una eventual influencia tecnológica vinculada a intereses chinos dentro del futuro esquema operativo de la mal llamada Hidrovia. Ante ello, Jan De Nul – la empresa que ya se entendía ganadora, aun antes de abrirse los sobres – rechazó categóricamente cualquier relación con empresas estatales chinas y sostuvo que sus proveedores y tecnología son de origen occidental.
Por su parte, China también respondió cuestionando cualquier enfoque que implique restricciones o tratamientos discriminatorios. Recordemos que el pliego expresamente prohibía la participación de empresas que tuvieran participación societaria mayormente de un estado extranjero (telèfono Xi Jinping).
Más allá del resultado licitatorio, la oferta económica o la capacidad técnica, el debate deja una señal clara de que hoy las grandes obras de infraestructuras ya no se disputan solo por tarifas o eficiencia también por influencia estratégica, tecnología y posicionamiento global.
Es evidente que este proceso de licitación como el que se cayera en el 2025, poco tienen que ver con la obra en sí, sino que mas bien está en disputa el posicionamiento de los dos gigantes del comercio global, como lo son Estados Unidos y China.
A ello, se le agregan los intereses sectoriales de las grandes cerealeras y navieras internacionales (mayormente operando en el complejo del gran Rosario) que han copado el comercio exterior de nuestro país, y que poco les interesan cuestiones «menores» como la soberanía, costo social, daño ambiental etc., y que, encuentran en el Gobierno Nacional, un claro y predispuesto receptor de todas sus necesidades, sin evaluación de costo beneficio por las medidas adoptadas.
China es el principal socio comercial de Argentina (junto con Brasil), representando aproximadamente entre el 15% y el 20% del comercio exterior total del país. El gigante asiático es el principal origen de las importaciones argentinas y el segundo mayor destino de los productos nacionales. El país exporta más de USD 9.700 millones anuales a China. Más del 50% de estos envíos se concentra en el complejo agroindustrial y minero.
En tanto, Estados Unidos es uno de los tres principales socios comerciales de Argentina. Representa aproximadamente entre el 7% y el 10% del total de las exportaciones argentinas y es un proveedor clave de bienes de capital e insumos industriales, consolidando una balanza comercial que históricamente ha sido deficitaria para Argentina.
El Gobierno argentino se ha manifestado abiertamente ser un socio – admirador – del gobierno de Donald Trump y ha decidido acceder a cualquier petitorio que provenga desde el norte, pero también los compromisos, la dependencia comercial y las deudas con el gobierno de China lo tienen acorralado. Por ello trata de surfear esta gigantesca ola de intereses transnacionales, cediendo a todo lo que se les exija desde las potencias comerciales.

Por: Ricardo Oscar Alonso