«El proyecto Hidrovía, que busca profundizar tramos argentinos del cauce del río para abaratar el costo del flete granelero, impacta sobre el ecosistema de humedales y la forma de vida tradicional de sus habitantes» expresa el copete de la nota publicada por el diario «El País» de Uruguay haciendo un llamado y un grito de alerta por las condiciones de profundización sobre la Vía Navegable Troncal.

La nota escrita por la periodista Jorgelina Hiba, para el diario El País, refleja claramente la alarma que has despertado distintos especialistas sobre temas ambientales, referidos a la profundización de la Vía Navegable Troncal. A continuación publicamos el textual de lo que consideramos mas relevante de la nota:
Un proyecto que comenzó hace 30 años y que ahora será más agresivo para la naturaleza, ya que la nueva concesión para el dragado otorgada por el gobierno argentino al grupo belga Jan de Nul por 25 años incluye nuevas obras en partes del lecho para darle aún mayor profundidad. Obras que carecen de una evaluación de impacto ambiental previa, según denuncian científicos, abogados ambientalistas e incluso la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA) de Argentina.
“La Hidrovía pretende que buques que fueron diseñados para el océano puedan entrar centenares de kilómetros hasta los puertos del Paraná, para abaratar el costo del flete de los agroexportadores. Pero esos costos no desaparecen: los paga el ambiente y las poblaciones más vulnerables que viven de los recursos del río y sus humedales” explicó Nadia Boscarol, bióloga y coordinadora nacional del Programa Corredor Azul, de Fundación Humedales/ Wetlands International.
María Cánepa, de 46 años, es bióloga y decidió irse a vivir al Espinillo hace 7 años. Nació en la ciudad y estudió en Buenos Aires, y ahora trabaja en la facultad de Ciencias Agrarias de Rosario. “la Hidrovía existe hace mucho, pero quieren profundizarla cada vez más sin considerar sus impactos ambientales. La falta de control es total, están reventando este humedal de todas las formas posibles. Vivimos en un territorio abandonado”, relata.
A partir de la nueva licitación, la empresa Jan de Nul podrá llevar algunos tramos de la vía navegable a una profundidad de entre 40 y 44 pies (unos 10 pies más que la profundidad natural del lecho) para permitir el paso de esos buques cargados al máximo.
Tanto el dragado como la navegación intensiva tienen consecuencias directas sobre el sistema de humedales con impactos sobre la biodiversidad, la calidad del agua, la erosión costera y la forma de vida de los pobladores de la zona. “La deposición del sedimento extraído del fondo del río puede modificar los ciclos de inundación y reproducción de los peces y el aumento del tránsito naviero y los nuevos puertos potencian el riesgo de contaminación e introducción de especies exóticas invasoras. Además, el mayor oleaje generado por los barcos acelera la erosión costera”, alertaron desde la Fundación Humedales.
Para expertos como Boscarol, la vida y la salud de millones de personas dependen del buen estado de estos humedales fluviales: “Profundizar aún más el canal en tiempos de crisis climática acelerada pone en riesgo la conectividad transversal, la permanencia del agua en la planicie de inundación y la salud de los humedales, que es lo que garantiza la vida del sistema fluvial”, razonó la bióloga.
Según el geólogo Carlos Ramonell, investigador de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), existen zonas del lecho donde el dragado modificará la pendiente natural, lo que puede disparar cambios por erosión y sedimentación. Algo difícil de anticipar, ya que el comportamiento del río “ya no es el natural”, como consecuencia de los cambios en su morfología generados en gran parte por presiones antrópicas, como el cambio climático y los usos humanos de ese curso de agua.
Para Ramonell, la falta de información sobre los impactos que pueden tener las nuevas obras es un problema mayúsculo: “los estudios de impacto ambiental presentados tienen una mirada muy parcial, sin contexto. Evalúan al río como si fuera una foto y no una película”.
La administración de Javier Milei eliminó el ministerio de Ambiente nacional y recortó duramente partidas para la protección de la naturaleza. Para el Presidente, el “ambientalismo idiota extremo” no ha permitido el desarrollo económico de Argentina, hasta ahora. “Hay que terminar con el pensamiento precámbrico de cuidar a la Tierra, con el ambientalismo idiota, con esto de que el ser humano rompe el planeta. ¿Para qué nos dio el Creador el planeta? ¿Para contemplarlo?” lanzó el mandatario en la Bolsa de Comercio de Córdoba en marzo de este año.
En relación a los impactos de las obras que prevée la nueva hidrovía, el subsecretario nacional de Puertos y Vías Navegables, Iñaki Miguel Arreseygor, dijo durante un encuentro realizado en la Bolsa de Comercio de Rosario a principios de este año que “no se va a mover un centímetro de arena o un centímetro de barro si antes no hay un estudio de impacto ambiental que lo apruebe”. América Futura se comunicó con la Subsecretaría de Ambiente de Nación, pero no obtuvo respuesta al cierre de esta edición.
La nueva concesión de la Hidrovía también generó cuestionamientos legales, como el informe de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas de mayo pasado, que alertó sobre “posibles irregularidades relacionadas con la inexistencia de estudios de impacto ambiental actualizados”. Tampoco se respetaron en tiempo y forma los mecanismos de acceso a la información pública y de participación popular que Argentina debería garantizar a su población, según el Acuerdo de Escazú.
Para la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, el proceso estuvo viciado desde el principio: “no se presentó ningún Estudio de Impacto Ambiental tal como exige la Ley General del Ambiente y el Acuerdo de Escazú” dijo Romina Araguas, abogada y profesora en la Universidad Nacional de Rosario.
Fotografía: Sebastián López Brach – Diario «EL PAIS» – Uruguay